dimecres, d’agost 20, 2014

Después de ver 'Asier y yo' ...*

Este post lo redacto apenas hace 48 horas después de haber visionado el magnífico y honesto film Asier y yo, de los hermanos Aitor y Amaia Merino, estrenado en la última edición del Festival de Cine de San Sebastián, sobre la relación entre Aitor, actor de cine -se hizo famoso a raíz de su aparición en Historias del kronen-, y un amigo suyo de la infancia, Asier Aranguren, que se involucra a la banda terrorista ETA en 2002 y, con motivo de ello, pasará varios años en prisión en Francia hasta que queda en libertad y se pueden reencontrar, justo cuando la banda anuncia la tregua casi definitiva de enero de 2011.

No pretendo en esta entrada reflexionar éticamente sobre la violencia en el conflicto vasco, porque mi posición es simple y diáfana: a pesar de todos los pesares -actuaciones antidemocráticas de las fuerzas de seguridad, torturas a los presos, dispersión de este mismo colectivo, ataques contra el entorno de ETA con el cierre de periódicos ...- para mí nada puede justificar el ejercicio de la violencia una vez es posible presentarse a unas elecciones -a partir de 1978- en las que todas las opciones políticas tienen cabida. Incluso aunque la Carta Magna española no incluya el Derecho a la Autodeterminación -e incluso lo amenace- de las diferentes naciones presentes en España -este ha sido a mi entender siempre el objetivo de ETA y de su brazo político- y que, en la práctica, cambiar la ley fundamental española sea casi imposible. Lo siento, la vida de cada persona está por encima de eso. Sólo estaría dispuesto a contradecirme en el caso de las dictaduras o ocupaciones militares de un territorio, pero este no es el caso en España una vez se aprobó la Constitución. Lo siento pero no. Este post, pues, no pretende hablar de ética sino de política: hacer una lectura política del fin de ETA y de los, en mi opinión, inexistentes logros políticos que puede apuntarse la banda después de casi 50 años de existencia.

Al final de la película, cuando Asier Aranguren ya está fuera de la cárcel y escucha por radio el anuncio de la tregua -la primera- de enero de 2011, el co-protagonista del filme dice: "Ganaremos". ¿Qué entiendo yo que quiere decir él cuando afirma "ganar" en este  momento? Entiendo que se refiere a que, con la desaparición de la actividad armada, las posibilidades políticas de alcanzar la mayoría electoral del País Vasco aumentan y que, por lo tanto, será más fácilmente posible conseguir los objetivos históricos de ETA y de la izquierda abertzale –la autodeterminación y la territorialidad, insisto-.

Ya me había hecho esta reflexión en otras ocasiones pero a raíz de ver la película, no puedo dejar de darle vueltas, de nuevo: si al final la conclusión de media década de lucha armada es que vale más "dejarlo" estratégicamente porque canalizando políticamente estas ideas el resultado puede ser mucho más eficaz ... porqué esta decisión se toma en 2011 y no en 1978 o en 1980 o en 1985? ¿Hay alguna motivación política, alguna ganancia político, por haber aguantado esta pesadísima carga durante tantos años más? Puede ETA y la izquierda abertzale esgrimir alguno? Cada vez que me he hecho esta pregunta he llegado a la misma conclusión. No. Lamentablemente para ellos, no. Porque digo que no, con tanta contundencia? Porque en ningún caso, ni el objetivo del Derecho a la Autodeterminación ni la Territorialidad -el corazón básico de las reivindicaciones del movimiento abertzale de izquierdas- han sido reconocidos en este inicio de siglo XXI, más bien al contrario. No creo que nadie pueda contradecir esta tesis, sobre todo en la primera cuestión: precisamente en la medida en que el estado ha conseguido acabar policialmente con ETA sin ninguna concesión política, los poderes fácticos españoles han convertido la negación de este derecho en una cuestión de honor -y por eso es tan difícil la solución a la demanda que hace Cataluña-: "Una vez conseguido acabar con ETA, con todo lo que ha supuesto, menos aún daremos el Derecho a la Autodeterminación a ninguna región española. Ni hablar. Significaría tirar por la borda el esfuerzo de muchos años". En este sentido, el movimiento soberanista catalán –exquisidamente pacífico- habrá hecho mucho más por la lucha "autodeterminista" en España que no ETA en 50 años.

Admitido esto, que se puede discutir como todo en la vida pero que me parece que es bastante obvio, desde el mundo de la izquierda abertzale se acude a otro argumento para dar "sentido político" a la desaparición de ETA. Es un argumento un poco más convincente pero que, analizado de cerca, sugiere poca relevancia en términos históricos: el aumento del apoyo electoral de Batasuna -o las formaciones de segundo grado que se han constituido, como Bildu o Amaiur- en convocatorias electorales posteriores al final de la actividad armada de ETA. Es decir: ETA “cierra” pero lo hace porque cree que su desaparición conllevará un fuerte aumento en las tesis independentistas en el País Vasco.

Analicemos esta hipótesis con un poco de detalle, empezando por las elecciones generales españolas: los mejores resultados de Herri Batasuna en unas elecciones generales, el 1986 (231.722 votos) fueron superados en 2011 por la coalición Amaiur (333.628) y esto llevaría a abonar la tesis de que apuntábamos. Pero 1) hay que tener en cuenta que Amaiur representa más que la antigua HB porque incluye Eusko Alkartasuna y Aralar, y 2) sólo hay que mirar otras elecciones, como las elecciones europeas de 1987, para darse cuenta de que la formación abertzale ya había conseguido incluso superar ese umbral electoral en el pasado -360.952 votos, concretamente, aunque las europeas, al ser de circunscripción electoral única, permitían recibir votos de otros puntos del estado, en especial Cataluña, de donde salieron en aquella ocasión 39.692 votos-.

Trasladando el cálculo en las municipales observamos que, también en 2011, en efecto Bildu (Batasuna más EA, de nuevo, y otras formaciones minoritarias como Alternatiba) logró 276.134, algo más de lo que, en solitario, había consiguió en 1999 -272.446 votos-, que son las anteriores elecciones con unos mejores resultados a nivel del País Vasco, bajo las siglas en aquel entonces de Euskal Herritarrok (EH). De nuevo, sin embargo, la comparativa no es exacta porque no se puede considerar que EH de 1999 represente lo mismo que Bildu ahora.

Y finalmente fijémonos en las autonómicas: en 2012 EH Bildu -que, de nuevo, incluye Eusko Alkartasuna, Aralar y Alternatiba aparte de Sortu, que sería la sucesora de la HB de los años 80- sacó 276.989 votos, mientras que en 1998, cuando había sacado los anteriores mejores resultados, había obtenido 224.001. Conclusión también en este caso: mejores resultados sobre el papel pero con toda seguridad atribuibles a la estrategia de "acumulación de fuerzas soberanistas" pregonada desde la izquierda abertzale.

Después de 2013, año sin convocatorias electorales, en las europeas del pasado mayo, la referencia electoral que tenemos más cercana, el número de votantes de la formación abertzale EH Bildu en el marco de la coalición Los Pueblos Deciden fue de 324.534 -177.694 en el País Vasco y 44.129 en Navarra, sumando todo 221 823 de votos en clave abertzale vasca, para dar los datos más afinados-. En todo caso, bastantes menos de los 360.952 votos conseguidos en toda España por Txema Montero como HB en 1987.

Resumiendo: por el momento en las europeas la izquierda abertzale no ha superado sus mejores registros históricos (324.534 en 2014 versus 360.952 en 1986) y si lo ha hecho por los pelos en las municipales de 2011 (276.134 votos versus 272.446 de 1999), ligeramente en las autonómicas de 2012 (276.989 votos versus 224.001 de 1998) y claramente en las generales de 2011 (333.628 versus 231.722 de 1986).

¿Qué sugiere, todo este chorro de datos? Pues que si bien resulta obvio que la izquierda abertzale, gracias en parte a la desaparición de ETA pero sobre todo a la suma con otras fuerzas nacionalistas y de izquierdas del País Vasco, ha recuperado -en el peor de los casos-, o superado -en la mayoría de los comicios- sus mejores registros históricos, no se ha producido un avance relevante y significativo que pueda servir para dar "sentido político" a la muerte de ETA como organización militar. Tampoco se ha producido algo que si que se podía haber producido en 1998, con el Pacto de Lizarra, si ETA hubiera aceptado entonces los términos de dejar las armas: que el PNV diera el salto al independentismo explícito como ha hecho CDC en Cataluña a partir de 2012; a fecha de hoy, el PNV sigue vacilante como lo ha hecho históricamente entre el autonomismo y el independentismo pero sin ninguna voluntad de apostar por la segunda línea como hizo en el período del Plan Ibarretxe.

Volvamos, pues, al principio de la reflexión: ¿qué pueden pensar, en términos políticos, todas aquellas personas que han tomado parte activa en ETA en los últimos treinta o cuarenta años, respecto al resultado político de su lucha? Evidentemente no me corresponde a mí opinar por ellos, pero un vistazo a los hechos y a los datos permite certificar que la permanencia de la banda terrorista ETA en la vida política vasca desde la reanudación democrática del 78 hasta su anuncio de tregua definitiva en 2011 no ha conseguido ninguno de los objetivos políticos que se proponía. Ni tampoco un aumento relevante de su bloque electoral, por lo menos de momento. Y que, por tanto, es el estado español quien ha conseguido lo que se proponía: el final de la banda sin pagar ninguna contrapartida política. Quizás si ETA hubiera dejado las armas en 1998 o en 2006 podría haber logrado alguna ganancia político más, como la unificación de todo el soberanismo -de derechas y de izquierdas en el País Vasco-, pero la organización armada ha dicho adiós tan tarde y tan mal que todo su recorrido ha quedado en entredicho.

Seguramente a Asier Aranguren no le hace ninguna gracia darse cuenta de ello, pero un análisis político (creo que) sosegado me lleva a estas conclusiones. Lo que ETA y la izquierda abertzale repetía y otra vez -"Sin resolución del conflicto político no habrá cese de la violencia"- habrá resultado totalmente incierto. Conviene que nos demos cuenta de ello.

* Traducció al castellà del post que vaig fer fa uns dies titulat Després de veure 'Asier y yo'..., arran de la petició que fa un usuari de Twitter. Per cert que, gràcies a Twitter, m'assabento que Asier Aranguren torna a ser a la presó per haver intentat treballar en una amnistia per tots els presos d'ETA que el govern espanyol no només no ha dut a terme sinó que considera il·legal com la detenció d'Aranguren suposa.